Alejandra Pizarnik
¿Qué puedo decir de Alejandra Pizarnik que no esté al menos insinuada en su obra?
Una mujer que nació el 29 de abril de 1936 en Avellaneda (provincia de Buenos Aires). Hija de una familia de inmigrantes rusos-judíos, estudió filosofía y letras en la Universidad de Buenos Aires, le gustaba la pintura, la música y los libros. Admiraba a Proust y a Mallarmé.
Vivió su vida llena de miedos, acosada por la idea de encontrarle algún sentido a su existencia, era tímida e insegura quizás combatió, sin éxito, contra monstruos que la cercaban sin piedad: como sus "insomnios famosos" producto (quizás) del abuso del consumo de anfetaminas con las que combatía la obesidad, luchaba contra su tartamudez, sus inclinaciones sexuales, su búsqueda constante de la soledad para encontrarse con ella misma .
Escribía de noche, la oscuridad era la hora donde salían a encontrarla todos sus mayores temores con quienes entablaba macabros encuentros (porque ella había aprendido a convivir con ellos) , no los dominaba pero sabiamente intentó exorcizarlos a través de la literatura.
Coleccionaba lápices de colores que regalaba a sus amigos y papeles de carta. Nunca creció, cuando su vida se apagó a los 36 años a causa de una sobredosis de pastillas, creció el mito de la "niña que eligió no crecer".
Se han escrito innumerables cantidad de ensayos sobre su poesía, esa "poeta maldita" que cautivó a Octavio Paz, a Julio Cortázar, Olga Orozco y al exigente César Aira.
Hay un oscuro misterio en su vida y en su obra. Algunos escritores la bautizaron como "la poeta que lloró hasta romperse".
Pizarnik, piensa Bellesi, "eligió decir determinadas cosas y no otras, Construirse de determinada manera en los textos. Reinventar la lengua para poder decirse. Y en eso se le fue la vida. Y en eso no hay casualidad. Alejandra podía pasar horas o días buscando la palabra que pudiera expresar lo que sentía, semanas con una palabra escrita en su pizarrón a la que esperaba encontrarle un sinónimo que se ajustara más a lo que necesitaba. Eso era lo que más llamó la atención a quienes la conocieron: su entrega, su estar ahí en la escritura, sin respiro, sin tregua."
«Mi oficio -confiesa Alejandra en ese tramo- (también en el sueño lo ejerzo) es conjurar y exorcizar. ¿A qué hora empezó la desgracia? No quiero saber. No quiero más que un silencio para mí y las que fui, un silencio como la pequeña choza que encuentran en el bosque los niños perdidos. Y qué sé yo qué ha de ser de mí si nada rima con nada».
LA NOCHE
Poco sé de la noche
pero la noche parece saber de mí,
y más aún, me asiste como si me quisiera,
me cubre la existencia con sus estrellas.
Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte.
Tal vez la noche es nada
y las conjeturas sobre ella nada
y los seres que la viven nada.
Tal vez las palabras sean lo único que existe
en el enorme vacío de los siglos
que nos arañan el alma con sus recuerdos.
Pero la noche ha de conocer la miseria
que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.
Ella debe arrojar odio a nuestras miradas
sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.
Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.
Su lágrima inmensa delira
y grita que algo se fue para siempre.
Alguna vez volveremos a ser
Alejandra Pizarnik
LA ENAMORADA

Esa lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra Alejandra no lo niegues.
hoy te miraste en el espejo
y te fuiste triste estabas sola
y la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió
enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado
oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú
te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más


