Carta del abandono
Carta del abandono:
Te escribo estas líneas porque soy una cobarde y las débiles como yo nunca renuncian a esta condición y menos aún cuando se sienten indefensos ante la línea de fuego, y en este caso tú, eres sin duda, el único responsable de esta lucha interna que se debate en mí, como un juego cruel y a la vez hermoso que me expone a situaciones extremas y absurdas. Hoy siento que toda la dinamita que hay en el mundo me puede explotar entre las manos, hoy más que nunca te temo y sé que mi vida no está a resguardo contigo, que seguir juntos sería una agonía asfixiante y sin sentido. Siento que nada de lo que haga servirá para paliar esta angustia que hoy me abruma pero al menos, pensar en alejarme de ti significará ponerle fin al dolor que me causas con tu forma de actuar, con tu silencio y sobre todo con esa forma de no actuar que tienes. Sé bien que no toda la culpa es tuya, yo también soy parte responsable de todo lo que nos pasó:por no hablar a tiempo, porque soy así y ya no voy a cambiar, nunca te dije cuán importante eras para mí, porque tú eras quien ofrecías la flor y yo era quien la tomaba y fingía no darle importancia pero, a la noche tú te olvidabas del asunto y yo me desvelaba extasiada pensando en ese gesto de amor que me prodigabas, recordando cada frase, cada palabra, cada mirada tuya...y así podría resumirse nuestra historia de amor, una historia de terribles desencuentros. El día que te conocí yo supe que me ibas a hacer mal, porque en el fondo todas las mujeres sabemos cuando nos cruzamos con alguien como tú que estaremos perdidas si cruzamos el puente. Pero como la vida es una travesía de incertidumbres, damos el paso adelante esperando encontrar rosas y días de sol del otro lado. Y bueno a veces nos damos contra la pared y duele, vaya si duele pero aún así nos consolamos pensando en que la próxima vez ya aprenderemos la lección y lo que hoy es dolor, mañana se convertirá en experiencia. Y así nos contentamos y salimos adelante.
Yo no te odio porque odiarte sería ir en contra de lo que algún día elegí, porque en este viaje que algunos llaman vida, uno elige a sus ocasionales compañeros y los elige entre un millón de otros por algo y uno debe hacerse cargo de esto. Yo sé que si alguna vez lees esta carta vas a decir que nunca me prometiste nada y es cierto, pero yo jamás te pedí que caminaras a mi lado, nunca te pregunté nada a pesar de que supongo que te harías ilusiones conmigo. Yo soy así, como tú dices : complicada, distante, delicada... Y quizás tengas razón, pero tú me culpabas de todo, me veías inteligente, culta, madura (cualidades de las que carezco y que sólo tu veías en mí) y por todo eso me odiabas. Nunca supiste ver que yo jamás quise hacerte sentirte inferior a mí y antes de ofender tu simpleza yo hubiera roto mis diplomas, mis intereses, mis inquietudes existenciales, sólo por sentirme tu compañera de ruta por un instante. Vos no sabés nada, pero hace días que no duermo bien porque verte todos los días me hace mal, hay días que me acuesto feliz por algo que me has dicho en el día, por algún gesto de amor que rescato para cubrir los jirones de mi alma, pero hay otros como el del viernes en que tus palabras repercuten en mí como misiles que dañan y siguen dañando aún después de salidas de tu boca en la inmensidad de mi ser. Y me siento una niña desvalida a la que le han arrebatado su única muñeca y entonces es cuando debo encerrarme para no irte a buscar a cualquier parte, para no llamarte a cualquier hora, para no atocigarte con mis angustias. En esas noches me debato en guerras y alucinaciones entre lo que tengo ganas y lo que debo hacer.
El lunes cuando vuelva a verte ya no seré la misma de antes. Sé que si lees esta frase te reirás mucho, como siempre te ríes de mi seriedad, me dirás "Andrea,una persona no cambia en un fin de semana". Pero yo siempre te dije, a vos que planeás todo como en una tabla de ajedrez, que a diferencia tuya jamás sé que voy a hacer al día siguiente y de esas diferencias supongo estaba hecha nuestra relación. Por eso, por lo que provocás en mi, por este sabor amargo que me deja el saber que te vas, que con tu verborragia hacia mí arrojás una bomba y te marchás sin volver jamás a ver si estoy a resguardo, porque cuantas veces hubiese querido que vuelvas arrepentido a abrazarme y a decirme:"Lo siento". Pero no, te marchas con esa arrogancia que te caracteriza y esa mueca de quien se sabe triunfador. Esta vez me ganaste, por eso me rindo y elijo cuidarme y porque como algo me quiero he decidido adosarte a mi abandono, a mis ganas de huir de tí como huyen los animales de sus depredadores.
Si esta carta en alguna de sus formas o expresiones te lastima u ofende, quiero que sepas que te pido humildemente perdón por hacerla pública. Pero a veces gritarlo a los cuatro vientos es una forma de extirpar tanto dolor contenido.
Te quiero


