cementerios
Hace dos semanas he vuelto a visitar un cementerio. Hace ya mucho tiempo que no iba, pero era el día de la Madre en mi país y a decir verdad esa fecha nunca volvió a ser igual desde que mi abuela nos dejó. Le he llevado flores, he vuelto a repetir la ceremonia que tan bien me enseñó de pequeña, cuando la acompañaba a visitar las tumbas de la familia. Se esmeraba en contarme quienes habían sido en vida esas personas o lo que quedaba de ellas, escondido y colmado de mezquindad involuta tras el bronce o el mármol del olvido. Ceremonias. Culto a los muertos. En fín hoy he comprobado que el hombre es un animal de costumbres. Me sorprendí buscando entre las tumbas algún recuerdo vano de aquellos días de la infancia, cuando la muerte y aquel ténebre lugar no eran más que un gran misterio, un signo de interrogación y hasta un paseo de aventura para mí.Era tan lejano, que no podía vislumbrar siquiera que años más tarde yo iría en busca de algo que me arrimara un poco a tí. Alguien que alguna vez me abrazó y besó mis mejillas con infinita ternura. Alguien que de verdad me amó. Me sorprendí repitiendo un rito.Yo, que reniego a veces de lo tradicional, del común de la gente. Pero todos necesitamos hablar con los muertos, observo a una chica sentada en el piso que llora y habla frente a un nicho. Me inspira pena y a la vez curiosidad. Será su madre me pregunto?. Cuántas cosas le habrá faltado decir en vida a esa placa de bronce que la contempla inerte, tan lejanamente absurda. El morbo. Sí, apenas se aleja me acerco a leer sus plaquetas, su breve historia de vida resumida en cifras, por el año de nacimiento, concluyo que era su madre. Su partida ha dejado una vistosa y colorida sensación de recuerdo. Uno piensa que las tumbas que no tiene flores se ven tristes, apagadas, como si el manto del olvido las hubiese cubierto de telarañas. Que triste! Ya nadie te recuerda, te piensa, a nadie haces falta. Ya nadie te lleva flores aunque sea dos veces en el año, como para cumplir. Es increible, pero la gente hace eso. Yo lo veo a diario. No me gustan los cementerios, me llenan de nostalgia, me cuesta ir y me cuesta volver de ellos. Traigo de regreso conmigo la impotencia de saber que estoy condenada, que algún día alguien también me llevará flores, y hablará bien o mal de mí. Mi cuerpo reposará en aquel lugar en compañía de miles de cruces, placas y flores de otros que como yo tuvieron sueños, tuvieron vida, se enamoraron, se equivocaron, fueron felices o no pero ahora ya no cuenta. Entonces seremos una corporación de almas. Lo pienso y no puedo evitar derramar una lágrima.Pienso en mi abuela, en todo lo que me hace falta. Cuántas cosas y momentos nos hemos perdido compartir juntas. Cuántas charlas que hoy rememoro, cuantos mates compartidos hablando de su historia. Supongo que desde algún lugar me escuchas. Supongo que estás conmigo y a veces me dá miedo que algo que veas en mí te decepcione. Quizás no soy la nieta que soñaste, ni la niña que tanto amabas. Hoy soy ésta. Una mujer que camina siempre, a pesar de todo, buscando algo: un centro, una cifra que nos acerque a eso que soñamos ser. Y aún sigo, a veces me cansa un poco ser así, pero todavía no me rindo. Supongo que te alegrará saberlo.




