Consuelo
Este es uno de esos poemas que uno siente fueron escritos para uno. Es de un poeta francés llamado René Char, uno de esos tipos que a uno le hubiera gustado conocer. Fue amigo , de Paul Eluard, de André Breton. Por si fuera poco conoció a Heidegger. Admiró enormente a Artaud.
René Char siempre amó vivir al margen de la sociedad. Le gustaba trabar amistad con los "matinaux", rompedores del alba o de la aurora, suerte de vagabundos que transcurrían sus vidas al ritmo de los días y las estaciones.
Había nacido René Char el 14 de junio de 1907 en L'Isle-sur-la-Sorgue en Provenza, sureste de Francia. El 20 de febrero de 1928 aparecen sus primeros poemas en las "Ediciones Rojo y Negro", bajo el título Las campanas sobre el corazón, escritos entre los quince y los veinte años. Al año siguiente se adhiere al movimiento surrealista. Cuenta por entonces con veintidós años y la mayor parte de los poetas -Aragon, Eluard, Breton- rondaban los treinta. Yo era un rebelde y buscaba a los hermanos: yo estaba solo en L'Isle, salvo la amistad de Francis Curel que tenía la imaginación nocturna.
Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa
a dónde vaya en este roto tiempo. Ya no es mi amor: el
que quiera puede hablarle. Ya no se acuerda: ¿quién en
verdad le amó?
Mi amor busca su semejanza en la promesa de las
miradas. El espacio que recorre es mi fidelidad. Dibuja
la esperanza y en seguida la desprecia. Prevalece sin
tomar parte en ello.
Vivo en el fondo de él como un resto de felicidad.
Sin saberlo él, mi soledad es su tesoro. Es el gran meridiano
donde se inscribe su vuelo, mi libertad lo vacía.
Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa
a dónde vaya en este roto tiempo. Ya no es mi
amor: el que quiera puede hablarle. Ya no se acuerda:
¿quién en verdad le amó y le ilumina de lejos para que
no caiga?
René Char



