Fleur Adcock
A un niño de cinco años
Después de una noche de lluvia, un caracol
sube hacia el alféizar de la ventana en tu cuarto. Tú me llamas para verlo y yo te explico que no sería bueno dejarlo allí: Puede arrastrarse por el suelo, y hay que tener cuidado de no aplastarlo. Tú lo entiendes y con precavida mano, lo llevas fuera para que coma de un narciso. Entonces veo que una especie de doctrina prevalece: A tu bondad la modelan mis palabras, palabras de alguien que atrapó ratones y disparó a los pájaros; de alguien que asfixió a tus gatitos, que traicionó a tus familiares más cercanos; alguien que mostró la más cruel verdad a tantos otros, pero así son las cosas: yo soy tu madre y hay que ser bueno con los caracoles.
©Fleur Adcock(Auckland, Nueva Zelanda,1934)


