Jean Paul Sartre
"Me he vuelto otra vez el viajero sin billete que era a los siete años; el revisor ha entrado en el compartimento, me mira menos severo que antaño, en realidad sólo quiere irse, dejarme que termine el viaje en paz; que le dé una excusa válida, cualquiera, y se contentará. Desgraciadamente no encuentro ninguna y, por lo demás, ni siquiera tengo ganas de buscarla. Quedaremos cara a cara, en el malestar, hasta Dijon, donde sé muy bien que nadie me espera.
Me he desinvestido pero no me he exclaustrado: sigo escribiendo.¿Qué otra cosa se puede hacer? Nulla dies sine linea.
Es mi costumbre y además mi oficio. Durante mucho tiempo tomé la pluma como una espada; ahora conozco nuestra impotencia. No importa, hago, haré libros; hacen falta; aún así sirven. La cultura no salva a nada ni a nadie, no justifica. Pero es un producto del hombre: el hombre se proyecta en ella, se reconoce; sólo le ofrece su imagen este espejo crítico. Por lo demás, este viejo edificio en ruinas, mi impostura , es también mi carácter; podemos deshacernos de una neurosis, pero no curarnos de nosotros mismos. Todos los rasgos del niño, desgastados, borrados, humillados, arrinconados, dejados en silencio, han quedado en el quincuagenario.
Lo que me gusta de mi locura es que me ha protegido,desde el primer día, contra las seducciones de la élite; nunca he creído ser el feliz propietario de un "talento"; lo único que se trataba era de salvarme- nada en las manos, nada en los bolsillos- por el trabajo y la fe. Como consecuencia, mi pura opción no me elevaba por encima de nadie: sin equipo, sin herramientas, me he metido entero en la tarea para salvarme entero. Si coloco a la imposible Salvación en el almacén de los accesorios, ¿Qué queda?
Todo un hombre, hecho de todos los hombres y que vale lo que todos y lo que cualquiera de ellos."
Jean Paul Sartre."Las palabras"

