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En estos grises días

lunes, 29 de septiembre del 2008 a las 17:25
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Vuelvo de mi ciudad, ella puede vivir sin mí. Yo a veces, no soy nadie sin ella. Apenas emprendo el viaje de regreso que me devolverá a lo que la gente común  llamaría  "la tranquilidad del hogar", ya la empiezo a extrañar. Me desprendo de ella pero conservo imágenes, olores, sonidos, a veces pienso  que me los presta malignamente para atropellar mansa pero impetuosamente mi silencio. Del otro lado me esperan sigilantes todos mis objetos, me aguardan petulantes, intrépidos. Yo los observo cada día y ellos parecieran reclamar mi atención, pero yo sigo de largo, indiferente a todo y a nada, como hacen a veces los niños pequeños con sus juguetes favoritos. Pero otros días entro a mi cuarto y los contemplo agradecida. Tienen tanto de mí y yo tengo tanto de ellos. El desorden habitual me abruma así que ordeno todo aquello que altera, a simple vista ,mi paisaje cotidiano. Veo aquella silla a los pies de la cama agobiada por mis libros y alguna ropa que ha quedado del día anterior. Olvidé unas bolsas con zapatos que atravesé en uno de sus extremos.Pobre silla!está tan cubierta por distintas cosas!, que creo que su existencia ha entrado en crisis. Yo la entiendo, a veces también me siento como ella. Reniego de todo lo que me cubre y me pierdo entre tanto disfraz . Sólo que yo a diferencia de un mueble  tengo conciencia de ello.

Las olas de Virginia Woolf

domingo, 28 de septiembre del 2008 a las 18:00
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Este es un libro hermoso que me gustaría recomendar. Quizás la literatura de esta distinguida y controvertida inglesa llamada Virginia Woolf es una de las más exquisitas y refinadas del siglo. Esta obra tiene una prosa casi lírica y es de una perfección estética inigualable, pero a su vez no pierde esa profundidad maravillosa con la que Virginia suele dotar a los personajes de sus novelas, quizás muchos se identifiquen con algunos de los perfiles de estos seis amigos que atraviesan juntos  los caminos de la vida y cómo es lógico  a través de este juego de voces interiores podemos ir siguiendo la evolución de cada uno desde la niñez hasta la ancianidad. A todos nos pasa admirar a algún amigo y decir ¿Cómo me gustaría ser como ella?¿Qué fortaleza tiene, qué seguridad?. Este libro nos muestra que la imagen que ven los otros de nosotros es tan parcializada como su visión de nuestro ser, a todos nos parece que la vida que le tocó vivir al de al lado es mejor a la nuestra. Es importante descubrir que nosotros somos nuestra propia vida, y es la única que nos tocó en suerte por lo tanto el hacer de ella algo que nos dé placer, es nuestro trabajo. Hay un autor que en este momento no recuerdo su nombre que decía "¿Quién soy yo para el universo?La respuesta es nada, ni nadie, pero para mi ser " todo, el universo entero". En la obra de la autora inglesa Virginia Woolf (1882-1941) el tiempo está representado con la metáfora de las olas Pero, además de figura literaria, la escritora también utilizó la imagen para describir el estado de ánimo que la atenazó todos los días de su vida.

"La sensación-afirmaba- de que la primera hora de cada mañana es algo tan dulce y calmo como el suave golpe de una ola, unida al presentimiento casi permanente de que algo horroroso está siempre a punto de ocurrir." A esta forma de melancolía ella la llamó "vicio absurdo". Cuando esta cotidiana sacudida del alma alcanzó su mayor intensidad, dejó de ser su fuente de inspiración y se convirtió en la condena que la condujo al suicidio, una mañana a finales de marzo

Las Olas nos narra de una forma muy original, gracias al monólogo interior, y la descripción de sensaciones, detalles, pensamientos, deseos..., la vida de seis personajes: Rhoda, Jinny, Susan, Neville, Bernard y Louis. La historia se abre con un juego de la niñez: el veo, veo y a partir de allí Virginia nos invita a sumergirnos en el mundo interno de estos atractivos e intrincados protagonistas.

Sus vidas se representan con la metáfora de las olas que golpean la playa.
Así, en el amanecer, podemos encontrarnos con la infancia de estos personajes tan especiales (por una sensibilidad poco vista en las novelas en las que entra en juego algún niño o niña).
Al mediodía, cuando está el Sol en lo alto, y la sombra cae hacia abajo, les encontraremos en el centro de la línea de sus vidas.
Y al atardecer...

No hay en esta obra más trama que la de la vida de estos seis seres que se enfrentan a ésta de una forma u otra.

Hallaba igualmente en esa prosa de Las olas una descripción fina de ciertos episodios de las complicadas relaciones humanas... «Siempre hay alguien cuando nos reunimos y los bordes del encuentro son aún cortantes, que se niega a sumergirse, alguien, en consecuencia, cuya identidad uno desea obligar a agazaparse ante la propia...» Alguien que resiste y por lo tanto nos excita -anotaba yo apresuradamente en el margen, completando las palabras de la confesante.

Según José Viedma López,para ser, no nos basta la soledad, todos necesitamos público: «Para ser yo (advierto) necesito la iluminación de la mirada de otras gentes, y en consecuencia nunca puedo estar totalmente seguro de lo que soy».

Flaqueamos o nos sentimos seguros en el espejo que nos ofrecen los otros. En toda esta refinada analítica de Virginia subyace la nostalgia de un ladrido, de un gruñido, de algo vigoroso, sano, masculino, incluso feroz. Creo que es Bernard quien lo describe como un antiguo bruto y un salvaje, "hombre hirsuto que con los dedos revuelve sogas de entrañas, y traga y eructa". Todos lo llevamos dentro, en cuclillas; nos cuesta mucho tenerle a raya. Podrá lavarse las manos antes de cenar, pero no por eso dejan, esas manos, de ser peludas. Podrá exhibir magníficos modales en la mesa, pero no por eso dejará de impacientarse cuando la cena se demora.

El rigor del que nuestras vidas carecen no procederá de nada que pueda saberse... porque en lo más hondo siempre hay, siempre habrá, una caudalosa corriente de sueños rotos, rimas infantiles, gritos callejeros, frases inacabadas e imágenes que reclaman un acontecimiento auténtico, un evento real que nos redima del aburrimiento o de la predestinación. «No cabe la menor duda, he pensado, mientras echaba a un lado el periódico, de que nuestras mezquinas vidas, pese a ser feas, sólo se revisten de esplendor y adquieren significado cuando las contemplamos con los ojos del amor.» La literatura ofrece una valiosa compensación, mientras llega la muerte y rompen las olas en la playa. Pero no es suficiente. Una fuerza tanática reclama desde las primeras páginas -como desde los primeros sueños de la vida- un sacrificio verdadero, no un retiro ni una huida desde lo real a lo simbólico.

La obra literaria ofrece un desahogo psicopatológico exquisitamente regulado, como el diapasón que marca el ritmo de las olas. Un delirio a seis voces, la multiplicación por seis en un coro andrógino...

«Aplicado a la carencia de razones, de lo usual, de lo carente de finalidad, de lo amasado, saltó la llama del odio y del desprecio. Cogí mi mente, mi ser, el viejo objeto lacio, casi inanimado, y lo blandí en todos sentidos entre los restos, entre las ramitas y las pajas, entre los detestables restos del naufragio, maderos a la deriva, que flotaban en la aceitosa superficie»

Únicamente las palabras y las frases son capaces de apresar en sus redes este caos, de convertir en luz este mundo informe.

 Finalmente les dejo este fragmento que refleja a Rhoda, uno de los personajes de la novela, que uno no tarda en descubrir a medida que avanza en la lectura del libro, que detrás de ella se esconde agazapada, la propia Virginia Woolf.

"Todos mis buques son blancos", dijo Rhoda. "No quiero los pétalos rojos de los geranios y de las malvas del huerto. Quiero pétalos blancos que floten cuando inclino el cuenco. (...) He recogido los pétalos y los he puesto a nadar. Aquí pondré un faro. Y ahora voy a balancear mi cuenco castaño de un lado a otro, para que mis barcos naveguen con oleaje. Algunos se hundirán. Algunos se estrellarán contra los arrecifes. Uno navega sólo. Este es mi barco. Penetra en las heladas cavernas en las que ladra una foca, y cadenas verdes pendientes de las estalactitas se balancean. Se alzan las olas. Sus crestas se enfurecen, fíjate en las luces de los mástiles. Se han desperdigado, han naufragado, todos salvo mi buque, que remonta la ola y se desliza en la galerna y llega a las islas en las que los papagayos parlotean y las lianas..."

Alejandra Pizarnik

viernes, 26 de septiembre del 2008 a las 17:24
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LA JAULA 
La Jaula


Afuera hay sol. 
No es más que un sol 
pero los hombres lo miran 
y después cantan. 

Yo no sé del sol. 
Yo sé la melodía del ángel 
y el sermón caliente 
del último viento. 
Sé gritar hasta el alba 
cuando la muerte se posa desnuda 
en mi sombra. 

Yo lloro debajo de mi nombre. 
Yo agito pañuelos en la noche y barcos sedientos de realidad 
bailan conmigo. 
Yo oculto clavos 
para escarnecer a mis sueños enfermos. 

Afuera hay sol. 
Yo me visto de cenizas. 





LEJANÍA

Mi ser henchido de barcos blancos.
Mi ser reventando sentires.
Toda yo bajo las reminiscencias de tus ojos.
Quiero destruir la picazón de tus pestañas.
Quiero rehuir la inquietud de tus labios.
Porqué tu visión fantasmagórica redondea los cálices de estas horas? 

Libro del desasosiego

martes, 23 de septiembre del 2008 a las 17:27
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Tengo las opiniones más desencontradas que se pueda imaginar, las creencias más diversas. Es que nunca pienso, ni hablo, ni actúo... Piensa, habla, actúa por mí siempre un sueño mío cualquiera, en el que, me encarno por un momento. Voy a hablar y resulta que hablo yo-otro. De mí sólo siento una incapacidad enorme, un vacío inmenso, una ineptitud para todo lo que es la vida. No le conozco los gestos a ningún acto real, nunca aprendí a existir. Consigo todo lo que quiero siempre que sea dentro de mí.

Fernado Pessoa

A cien años de tí

martes, 23 de septiembre del 2008 a las 17:04
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Ayer te comencé a dejar, a mi manera, de a poco, sin gritos, reclamos, llantos y demás obviedades del caso. Supongo que será difícil encontrarme con tus ojos cada día y saber que ya no me pertenecen ni siquiera por un instante. Todo ha quedado atrás, yo caminaba feliz todas las tardes porque iba a tu encuentro y era capaz de atravesar la lava de un volcán, si era preciso, porque sabía que en algún lugar me esperabas.Y te imaginaba mirando tu reloj, nervioso  y protestando por mi impuntualidad femenina. Quizás no entiendas, o sí, sos inteligente y a las personas como tú no hay que explicarles nada, eso lo aprendí con el tiempo. De hecho ayer me miraste y te diste cuenta de todo. La magia se acabó, así como un niño se desencanta cuando descubre los hilos en un show de títeres, así estoy hoy contigo. Siempre fuiste él mismo, manipulador compulsivo de mi alma, yo te inventé en mi mundo y fui llenando mi vida con percepciones equivocadas, justificando actitudes a capa y espada. Ayer pude ver quien realmente eras y me dolió, pero no porque piense que seas malo sino porque descubrí que yo, una vez más, lo había inventado todo. Te doté de  cualidades de las que no eres poseedor, y pinté de colores mi cuadro contigo. Mañana tal vez sea más dificíl y pasado mañana más pero supongo que esta herida dolerá cada día un poco menos.

Carta del abandono

domingo, 14 de septiembre del 2008 a las 00:34
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Carta del abandono:

Te escribo estas líneas porque soy una cobarde y las débiles  como yo nunca renuncian a esta condición y menos aún cuando se sienten indefensos ante la línea de fuego, y en este caso tú, eres sin duda, el único responsable de esta lucha interna que se debate en mí, como un juego cruel y a la vez hermoso que me expone a situaciones extremas y absurdas. Hoy siento que toda la dinamita que hay en el mundo me puede explotar entre las manos, hoy más que nunca te temo y sé que mi vida no está a resguardo contigo, que seguir juntos sería una agonía asfixiante y sin sentido. Siento que nada de lo que haga servirá para paliar esta angustia que hoy me abruma pero al menos, pensar en alejarme de ti significará ponerle fin al dolor que me causas con tu forma de actuar, con tu silencio y sobre todo con esa forma de no actuar que tienes. Sé bien que no toda la culpa es tuya, yo también soy parte responsable de todo lo que nos pasó:por no hablar a tiempo, porque soy así y ya no voy a cambiar, nunca te dije cuán importante eras para mí, porque tú eras quien ofrecías la flor y yo era quien la tomaba y fingía no darle importancia pero, a la noche tú te olvidabas del asunto y yo me desvelaba extasiada pensando en ese gesto de amor que me prodigabas, recordando cada frase, cada palabra, cada mirada tuya...y así podría resumirse nuestra historia de amor, una historia de terribles desencuentros. El día que te conocí yo supe que me ibas a hacer mal, porque en el fondo todas las mujeres sabemos cuando nos cruzamos con alguien como tú que estaremos perdidas si cruzamos el puente. Pero como la vida es una travesía de incertidumbres, damos el paso adelante esperando encontrar rosas y días de sol del otro lado. Y bueno a veces nos damos contra la pared y duele, vaya si duele pero aún así nos consolamos pensando en que la próxima vez ya aprenderemos la lección y lo que hoy es dolor, mañana se convertirá en experiencia. Y así nos contentamos y salimos adelante.

Yo no te odio porque odiarte sería ir en contra de lo que algún día elegí, porque en este viaje que algunos llaman vida, uno elige a sus ocasionales compañeros y los elige entre un millón de otros por algo y uno debe hacerse cargo de esto. Yo sé que si alguna vez lees esta carta vas a decir que nunca me prometiste nada y es cierto, pero yo jamás te pedí que caminaras a mi lado, nunca te pregunté nada a pesar de que supongo que te harías ilusiones conmigo. Yo soy así, como tú dices : complicada, distante, delicada... Y quizás tengas razón, pero tú me culpabas de todo, me veías inteligente, culta, madura (cualidades de las que carezco y que sólo tu veías en mí) y por todo eso me odiabas. Nunca supiste ver que yo jamás quise hacerte sentirte inferior a mí y antes de ofender tu simpleza yo hubiera roto mis diplomas, mis intereses, mis inquietudes existenciales, sólo por sentirme tu compañera de ruta por un instante. Vos no sabés nada, pero hace días que no duermo bien porque verte todos los días me hace mal, hay días que me acuesto feliz por algo que me has dicho en el día, por algún gesto de amor que rescato para cubrir los jirones de mi alma, pero hay otros como el del viernes en que  tus palabras repercuten en mí como misiles que dañan y siguen dañando aún después de salidas de tu boca en la inmensidad de mi ser. Y me siento una niña desvalida a la que le han arrebatado su única muñeca y entonces es cuando debo encerrarme para no irte a buscar a cualquier parte, para no llamarte a cualquier hora, para no atocigarte con mis angustias. En esas noches me debato en guerras y alucinaciones entre lo que tengo ganas y lo que debo hacer.

El lunes cuando vuelva a verte ya no seré la misma de antes. Sé que si lees esta frase te reirás mucho, como siempre te ríes de mi seriedad, me dirás "Andrea,una persona no cambia en un fin de semana". Pero yo siempre te dije, a vos que planeás todo como en una tabla de ajedrez, que a diferencia tuya jamás sé que voy a hacer al día siguiente y de esas diferencias  supongo estaba hecha nuestra relación. Por eso, por lo que provocás en mi, por este sabor amargo que me deja el saber que te vas, que con tu verborragia hacia mí arrojás una bomba y te marchás sin volver jamás a ver si estoy a resguardo, porque cuantas veces hubiese querido que  vuelvas arrepentido a abrazarme y a decirme:"Lo siento". Pero no, te marchas con esa arrogancia que te caracteriza y esa mueca de quien se sabe triunfador. Esta vez me ganaste, por eso me rindo y elijo cuidarme y porque como algo me quiero he decidido adosarte a mi abandono, a mis ganas de huir de tí como huyen los animales de sus depredadores.

Si esta carta en alguna de sus formas o expresiones te lastima u ofende, quiero que sepas que te pido humildemente perdón por hacerla pública. Pero a veces gritarlo a los cuatro vientos es una forma de extirpar tanto dolor contenido.

Te quiero

Si pienso en vos...

martes, 12 de agosto del 2008 a las 02:19
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Si pienso en vos grito tu nombre 

que se desboca como una carcajada

ahogada entre tanto llanto y tanto miedo.

Trémulo de fiebre lo pronuncio apenas

y me remuerde el alma saber que tus labios

ya no pueden saciar la sed de los míos.

Ya quisiera yo, como el mejor cirujano

 extirparte de mi alma como

 el cáncer de un tumor maligno.

Y sin embargo no puedo, ni quiero.

A tan sólo dos pasos de tí todo se me vuelve

tan difícil, oscuro y anodino.

Ya sé, que es en vano esta faena mía

Nunca pensé encontrar detrás de tu rostro

la entereza devota que mi orfandad perseguía  

si te esquivé mil veces con blasfemos pretextos

hoy cierro los ojos y murmuro oraciones

implorando al cielo y a dioses paganos.

no me dejes sola, no te vayas vida

Henry Michaux

viernes, 08 de agosto del 2008 a las 23:32
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"A los ocho años, Luis XIII  hace un dibujo parecido al que hace un hijo de un caníbal de Nueva Caledonia. A los ocho años, tiene la edad de la humanidad, tiene por lo menos doscientos cincuenta mil años. Algunos años más tarde los ha perdido, no tiene más que treinta y uno, se ha vuelto un individuo, no es más que un rey de Francia, atolladero del que no saldrá nunca." Henry Michaux

¡Cuánta verdad encerrada en tan pocas palabras!. La edad de la infancia, la mirada de la infancia que todo lo abarca. Han notado la sabiduría que suelen portar los niños?. Mi sobrino cuando tenía cuatro años me observaba detenidamente un día, y de repente murmura : "Tía, ¿sos feliz?". Lo miré sorprendida y realmente no supe que contestarle.¿A quién se le ocurre hacer esa pregunta , sino a la insolencia ingenua de un niño?. Los niños ven la vida con los ojos de quien devora y disfruta todo: un paisaje, un juguete, una latita para un niño es un mundo, un universo de sueños, de magia, de juegos.....

A veces pienso que no deberíamos crecer, o al menos no perder esa frescura e ingenuidad que se nos olvida al convertirnos en adultos. Un pequeño se entretiene con tan poco, una chapita de gaseosa puede llegar a ser su mejor juguete. Nosotros los adultos necesitamos televisión, internet, revistas, películas, y tantas cosas triviales para llenar nustras ausencias, nuestros vacíos existenciales. Los niños juegan solos y viajan en su fantasía. La gente como yo necesita ocupar su tiempo, llenar su agenda, quizás por eso, no en vano escribo en mi blog no?

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