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Roberto Arlt

lunes, 07 de julio del 2008 a las 02:44
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CAUSA Y SINRAZÓN DE LOS CELOS

Hay buenos muchachitos, con metejones de primera agua, que le amargan la vida a sus respectivas novias promoviendo tempestades de celos, que son realmente tormentas en vasos de agua, con lluvias de lágrimas y truenos de recriminaciones.

Generalmente las mujeres son menos celosas que los hombres. Y si son inteligentes, aun cuando sean celosas, se cuidan muy bien de descubrir tal sentimiento, porque saben que la exposición de semejante debilidad las entrega atadas de pies y manos al fulano que les sorbió el seso. De cualquier manera; el sentimiento de los celos es digno de estudio, no por los disgustos que provoca, sino por lo que revela en cuanto a psicología individual.

Puede establecerse esta regla:

Cuanto menos mujeres ha tratado un individuo, más celoso es.

La novedad del sentimiento amoroso conturba, casi asusta, y trastorna la vida de un individuo poco acostumbrado a tales descargas y cargas de emoción. La mujer llega a constituir para este sujeto un fenómeno divino, exclusivo. Se imagina que la suma de felicidad que ella suscita en él, puede proporcionársela a otro hombre; y entonces Fulano se toma la cabeza, espantado al pensar que toda "su" felicidad, está depositada en esa mujer, igual que en un banco. Ahora bien, en tiempos de crisis, ustedes saben perfectamente que los señores y señoras que tienen depósitos en instituciones bancarias, se precipitan a retirar sus depósitos, poseídos de la locura del pánico. Algo igual ocurre en el celoso. Con la diferencia que él piensa que si su "banco" quiebra, no podrá depositar su felicidad ya en ninguna parte. Siempre ocurre esta catástrofe mental con los pequeños financieros sin cancha y los pequeños enamorados sin experiencia.

Frecuentemente, también, el hombre es celoso de la mujer cuyo mecanismo psicológico no conoce. Ahora bien: para conocer el mecanismo psicológico de la mujer, hay que tratar a muchas, y no elegir precisamente a las ingenuas para enamorarse, sino a las "vivas", las astutas y las desvergonzadas, porque ellas son fuente de enseñanzas maravillosas para un hombre sin experiencia, y le enseñan (involuntariamente, por supuesto) los mil resortes y engranajes de que "puede" componerse el alma femenina. (Conste que digo "de que puede componerse", no de que se compone.)

Los pequeños enamorados, como los pequeños financistas, tienen en su capital de amor una sensibilidad tan prodigiosa, que hay mujeres que se desesperan de encontrarse frente a un hombre a quien quieren, pero que les atormenta la vida con sus estupideces infundadas.

Los celos constituyen un sentimiento inferior, bajuno. El hombre, cela casi siempre a la mujer que no conoce, que no ha estudiado, y que casi siempre es superior intelectualmente a él. En síntesis, el celo es la envidia al revés.

Lo más grave en la demostración de los celos es que el individuo, involuntariamente, se pone a merced de la mujer. La mujer en ese caso, puede hacer de él lo que se le antoja. Lo maneja a su voluntad. El celo (miedo de que ella lo abandone o prefiera a otro) pone de manifiesto la débil naturaleza del celoso, su pasión extrema, y su falta de discernimiento. Y un hombre inteligente, jamás le demuestra celos a una mujer, ni cuando es celoso. Se guarda prudentemente sus sentimientos; y ese acto de voluntad repetido continuamente en las relaciones con el ser que ama, termina por colocarle en un plano superior al de ella, hasta que al llegar a determinado punto de control interior, el individuo "llega a saber que puede prescindir de esa mujer el día que ella no proceda con él como es debido".

A su vez la mujer, que es sagaz e intuitiva, termina por darse cuenta de que con una naturaleza tan sólidamente plantada no se puede jugar, y entonces las relaciones entre ambos sexos se desarrollan con una normalidad que raras veces deja algo que desear, o terminan para mejor tranquilidad de ambos.

Claro está que para saber ocultar diestramente los sentimientos subterráneos que nos sacuden, es menester un entrenamiento largo, una educación de práctica de la voluntad. Esta educación "práctica de la voluntad" es frecuentísima entre las mujeres. Todos los días nos encontramos con muchachas que han educado su voluntad y sus intereses de tal manera que envejecen a la espera de marido, en celibato rigurosamente mantenido. Se dicen: "Algún día llegará". Y en algunos casos llega, efectivamente, el individuo que se las llevará contento y bailando para el Registro Civil, que debía denominarse "Registro de la Propiedad Femenina".

Sólo las mujeres muy ignorantes y muy brutas son celosas. El resto, clase media, superior, por excepción alberga semejante sentimiento. Durante el noviazgo muchas mujeres aparentan ser celosas; algunas también lo son, efectivamente. Pero en aquellas que aparentan celos, descubrimos que el celo es un sentimiento cuya finalidad es demostrar amor intenso inexistente, hacia un_ bobalicón que sólo cree en el amor cuando el amor va acompañado de celos. Ciertamente, hay individuos que no creen en el afecto, si el cariño no va acompañado de comedietas vulgares, como son, en realidad, las que constituyen los celos, pues jamás resuelven nada serio.

Las señoras casadas, al cabo de media docena de años de matrimonio (algunas antes), pierden por completo los celos. Algunas, cuando barruntan que los esposos tienen aventurillas de géneros dudosos, dicen, en círculos de amigas:

-Los hombres son como los chicos grandes. Hay que dejar que se distraigan. También una no los va a tener todo el día pegados a las faldas...

Y los "chicos grandes" se divierten. Más aún, se olvidan de que un día fueron celosos...

Pero este es tema para otra oportunidad.

Roberto Arlt- Escritor argentino

Henry and June

viernes, 04 de julio del 2008 a las 19:55
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DICIEMBRE 1931

He conocido a Henry Miller.

Vino a comer a casa con Richard Osborn, un abogado a quien tuve que consultar sobre el contrato del libro de D. H. Lawrence.

Al salir él del coche y dirigirse a la puerta, donde yo esperaba, vi a un hombre que encontré agradable. En sus escritos es osten­toso, viril, animal, magnífico. «Un hombre que se emborracha de vida -pensé-. Como yo.»

En mitad de la comida, mientras hablábamos seriamente de libros y Richard se había abandonado a una larga perorata, Henry se echó a reír.

-No es de ti de quien me río, Richard -dijo-, pero no puedo evitarlo. Me importa un comino, ni un comino siquiera, quién tiene razón. Soy demasiado feliz. En este preciso instante me siento feliz con todos los colores que me rodean, y el vino. Es un momento ma­ravilloso, maravilloso. -Poco faltó para que se le saltaran las lá­grimas de la risa. Estaba borracho. También yo lo estaba bastante. Tenía calor y me sentía mareada y contenta.

Charlamos durante horas. Henry dijo las cosas más ciertas y profundas que he oído, y tiene una peculiar manera de decir «hmmm» en tanto se adentra en su propio viaje introspectivo.

Antes de conocer a Henry estaba absolutamente dedicada a mi libro sobre D. H. Lawrence. Será publicado por Edward Titus y estoy trabajando con su ayudante, Lawrence Drake.

-¿De dónde es usted? -me preguntó en nuestro primer en­cuentro.

-Soy mitad española, mitad francesa. Pero me crié en Amé­rica.

-Desde luego, ha sobrevivido al transplante. -Parece que hable despectivamente, pero yo sé que es una falsa apariencia.

Emprende el trabajo con un tremendo entusiasmo y rapidez. Yo se lo agradezco. Me llama romántica. Me enfado.

-¡Estoy harta de mi propio romanticismo!

Tiene una cabeza interesante: una vívida e intensa expresión en sus ojos negros, cabello negro, piel aceitunada, boca y nariz sensuales, un buen perfil. Se diría español, pero es judío, ruso, según me ha contado. Me resulta enigmático. Parece puro y fácil­mente vulnerable. Pongo cuidado al hablar.

Cuando me lleva a su casa a corregir las pruebas, me dice que le parezco interesante. Ignoro por qué. Da la impresión de que posee enorme experiencia, ¿por qué va a sentir interés por una princi­piante? Hablamos en una especie de esgrima verbal. Trabajamos, no demasiado bien. No me fío de él. Cuando me dirige la palabra con amabilidad, tengo la sensación de que se está aprovechando de mi inexperiencia. Cuando me abraza, tengo la impresión de que se divierte con una muchachita demasiado tensa y ridícula. Cuando él se pone más tenso, desvío la cara de la nueva experiencia de su bi­gote. Mis manos están frías y húmedas. Le digo con franqueza:

-No deberías flirtear con una mujer que no sabe flirtear.

Encuentra mi seriedad divertida. Me dice:

-Tal vez eres el tipo de mujer que no hiere a los hombres. -Se ha sentido humillado. Creyendo que he dicho «me fastidias», se aparta de un- salto como si lo hubiera mordido. No digo yo esas cosas. Es enormemente impetuoso, enormemente fuerte, pero no me fastidia. Respondo al cuarto o quinto beso. Comienzo a sentirme embriagada. Me pongo en pie y digo incoherentemente:

-Me voy. No puedo si no hay amor.

Me hace pequeñas bromas. Me mordisquea las orejas y me be­suquea; a mí me gusta su fiereza. Me empuja al sofá, pero consigo zafarme. Soy consciente de su deseo. Me gusta su boca y la fuerza experta de sus brazos, pero su deseo me espanta, me repele. Creo que es porque no lo amo. Me ha excitado pero no lo amo, no lo de­seo. En cuanto me doy cuenta de esto (su deseo apunta hacia mí y es como una espada entre nosotros), me libero y me marcho  sin herirle en parte alguna.

Creo, bueno, que yo no buscaba más que el placer sin sentimiento. Mas algo me retiene. Hay algo en mí intocado, inalterado, que me gobierna. Será preciso hacer que se mueva si he de moverme plenamente. Voy pensando en esto en el Metro y me pierdo.

Unos pocos días después me encontré con Henry. Estaba espe­rando que llegara el momento de encontrarme con él, como si tal cosa fuera a resolver algo, y así fue. Al verle, pensé: «He aquí un hombre a quien yo podría amar.» No tuve miedo.

Anais Nin

Anaïs Nin

domingo, 15 de junio del 2008 a las 23:40
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¿Quién era realmente Anais Nin?(Francia, 1903-1977)

 

  Nin
 

Su biografía la describe como una de las primeras escritoras que supo romper el patriarcado masculino en la literatura. Era francesa, aunque gran parte de su vida la pasó en Nueva York.Nin fue narcisista por lo que era muy solitaria y sentía que nadie la podía comprender o amar como lo necesitaba. Sus relaciones que llegaron a todos los extremos, incesto y homosexualismo, fueron una manera de tener poder en un momento en que para una mujer esto era imposible. Por eso, sus diarios son fundamentales en el desarrollo cultural de la mujer, además de que resultan un interesante documento de su vida, son la evidencia de la lucha de una escritora por ser reconocida y valorada como ser inteligente e intelectual. Anais Nin inició sus diarios cuando tenía trece años y no dejó de escribirlos hasta su muerte.

"Siempre hubo en mí, al menos, dos mujeres
una mujer desesperada y perpleja
que siente que se está ahogando y otra que
salta a la acción, como si fuera un escenario,
disimulando sus verdaderas emociones porque ellas
son la debilidad, la impotencia, la desesperación
y presenta al mundo sólo una sonrisa,
impetu, curiosidad, entusiasmo, interés."

"Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré al mundo. Me adapto a mí misma."

"Yo, con un instinto profundo,

elijo un hombre que provoca mi fuerza,

que ejerce demandas enormes sobre mi,

que no duda de mi coraje ni mi rudeza,

que tiene coraje de tratarme como una mujer"

Anais Nin

 

Recital de Ismael Serrano en Buenos Aires

jueves, 12 de junio del 2008 a las 18:10
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El domingo por la noche  21:30 tenía cita en el Gran Rex con ese enorme compositor, poeta y cantante llamado Ismael Serrano. Como todas las cosas buenas que le llegan a uno, ya  no recuerdo ni cómo, ni cuando sus canciones llegaron a mí para nunca marcharse. Desde aquel momento Ismael me ha acompañado con sus letras , su música, su voz , que viene a ser tan especial para mí, que a estas alturas me es tan familiar como lo sería, quizás, la voz de un viejo amigo. El asunto es que el domingo 8 de junio me fuí al teatro, (de fondo la hinchada millonaria festejaba otro campeonato de fútbol y la gente se amontonaba frente al obelisco), así que esquivando todos estos percances llegué al recital. Yo nunca lo había visto en vivo y la verdad no me decepcionó . Es un ser con una luz especial, cuando habla irradia paz, dulzura y sobretodo lo admiro por  su enorme compromiso social. Ismael le canta a los "luchadores del ocaso", a los idealistas, a quienes no nos contentamos con pasar de largo ante una realidad social que nos abruma, le canta a los bohemios, a los solitarios, a los amores desencontrados y al amor con todos sus matices. Cantó canciones de su nuevo disco "Sueños de un hombre despierto" e incluyó temas de trabajos anteriores. De las nuevas una de las que más me gusta es "Canción para un viejo amigo", quizás porque menciona al mito de sísifo, tan controvertido para los locos a quienes nos gusta el "existencialismo". Me  regaló de las viejas, una de mis favoritas"Pequeña criatura", aunque me quedé con las ganas de escuchar "El virus del miedo", "Ya ves", "Que andarás haciendo"..., y tantas otras canciones bellas de su repertorio. Hizo un tema junto a su músico Javier Bergía, quién resultó ser una sorpresa , porque le puso el toque de humor y simpatía al show. Me emocioné cuando cantó su tema a las madres de plaza de mayo, "caperucita","últimamente", "la extraña pareja", "vine del norte",  y tantas otras...

Te ví entrar al show con esa timidez que tanto te distingue, con tu camisa blanca, un par de yeans, tiradores y zapatillas de lona. Eras tan vos de pies a cabeza, que sentí que no me había equivocado al pagar esa quinta fila en tu concierto. Lo cierto es que creaste un clima tan especial en el show, que el Gran Rex te aclamaba y te pedía más y más. Generosamente cantaste hasta entrada la una de la mañana y volviste cuatro veces para regalarnos bises.

Espero que realmente pueda seguir disfrutando muchos años de tu música y que realmente nunca se apague tu voz, porque de verdad Bs As se vá a sentir mucho más sola e incomprendida sin tu presencia por las calles, por los teatros y bares...Siempre recordaré a Ismael, el trovador que le canta a Guevara, a Marcos, impregnando la nostalgia de aquel mayo francés a todos quienes pensamos que otro mundo es posible, románticos empedernidos que se sienten enjaulados en un mundo que vira a un capitalismo cada vez más sangriento.

Lo mejor del show, cuando cantaste "Cambalache" e imitaste a los tangueros con tu sombrero y tus poses arrabaleras.

Hoy

lunes, 02 de junio del 2008 a las 17:29
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Si tan sólo fuera posible morir de a ratos 

renacer cada mañana envuelta en otro cuerpo

bajo otro nombre muy distinto del mío,

si tan sólo fuera otrora mi alma y este ser

conflictivo que me aprisiona fuera más simple

menos serio y responsable,

más enamoradizo del mundo

más adicto a las simpatías

cotidianas  y superfluas...

Si esta rebeldía que me habita fuera menos atropellada,

menos egoísta y eclíptica.

Si tan solo pudiera huir de mí, volar a otras jaulas,

espiar los postigos de otras cárceles ajenas a la mía.

Si esta soledad que me adosan fuera menos obediente

 y se marchara de pronto  sin pedirme permiso

sin sentir nostalgia , sin mirar atrás,

mis espaldas tendrían alas azules o blancas...

Quizás tan sólo por un rato,

eternizar ese instante,

ese segundo y luego volver a mí,

a lo que fuí

 siempre e ineludiblemente

seré.

ANTONIN ARTAUD

viernes, 16 de mayo del 2008 a las 17:29

EL OMBLIGO DE LOS LIMBOS

Allí donde otros exponen su obra yo sólo pretendo mostrar mi espíritu.
Vivir no es otra cosa que arder en preguntas. No concibo la obra al margen de la vida.
No amo en sí misma a la creación. Tampoco entiendo el espíritu en sí mismo. Cada una de mis obras, cada uno de los proyectos de mí mismo, cada uno de los brotes gélidos de mi vida interior expulsa sobre mí su baba.
Estoy en una carta escrita para dar a entender el estrujamiento íntimo de mi ser, tanto como estoy en un ensayo exterior a mí mismo y que se me presenta como una indiferente incubación de mi espíritu.
Sufro que el Espíritu no halle lugar en la vida y que la vida no se encuentre en el Espíritu, sufro del Espíritu-órgano, del Espíritu-traducción o del Espírítu-atemorizante-de-las-cosas para hacerlas ingresar en el Espíritu. Yo dejo este libro colgado de la vida, deseo que sea masticado por las cosas exteriores y en primer término por todos los estremecimientos acuciantes, todas las vacilaciones de mi yo por venir.
Todas estas páginas se arrastran en el espíritu como témpanos. Perdón por mi total libertad. Me niego a hacer diferencias entre cada minuto de mí mismo. No acepto el espíritu planeado.

Es preciso acabar con el Espíritu como con la literatura. Quiero decir que el Espíritu y la vida se encuentran en todos los grados. Yo quisiera hacer un libro que altere a los hombres, que sea como una puerta abierta que los lleve a un lugar al que nadie hubiera consentido en ir, una puerta simplemente ligada con la realidad.
Y esto no es el prefacio de un libro, como tampoco lo son los poemas que lo indican en la lista de todas las furias del malestar.

Esto no es más que un témpano atragantado. Una gran pasión razonadora y superpoblada arrastraba a mi yo como un puro abismo. Resoplaba un viento carnal y sonoro, y el azufre también era denso. Y pequeñas raíces diminutas llenaban ese viento como un enjambre de venas y su entrelazamiento fulguraba. El espacio sin forma penetrable era calculable y crujiente. Y el centro era un mosaico de trozos como una especie de rígido martillo cósmico, de una pesadez deformada y que sin parar cae como un muro en el espacio con un estruendo destilado. Y la cubierta algodonosa del estruendo tenia la opción obtusa y una viva mirada que lo penetraba. Sí, el espacio entregaba su puro algodón mental donde ningún pensamiento era todavía claro ni devolvía su descarga de objetos. Pero paulatinamente la masa dio vueltas como una náusea potente y fangosa, una especie de fuerte flujo de sangre vegetal y detonante. Y las ínfimas raíces trémulas en el filo de mi ojo mental se arrancaban de la masa erizada del viento a una velocidad vertiginosa. Y todo el espacio como un sexo saqueado por el vacío ardiente del cielo, se estremeció. Y algo como un pico de paloma real socavó la masa turbada de los estados, todo el pensamiento más hondo se diversificaba, se disipaba, se volvía claro y reducido.
Entonces era preciso que una mano se transformara en el órgano mismo de la aprehensión. Y aún dos o tres veces giró la masa artificial y cada vez, mi ojo se enfocaba sobre un sitio más exacto. La oscuridad misma se hacía más densa y sin objeto. Todo el hielo ganaba la claridad.

 

Todo

viernes, 16 de mayo del 2008 a las 17:00
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Todo

Los muertos no necesitan
aspirina o
tristeza
supongo.

pero quizás necesitan
lluvia.
zapatos no
pero un lugar donde
caminar.

cigarrillos no,
nos dicen,
pero un lugar donde
arder.

O nos dicen:
Espacio y un lugar para
volar,
da
igual.

los muertos no me 
necesitan.

ni los
vivos.

pero quizás los muertos se necesitan
unos a
otros.

En realidad, quizás necesitan
todo lo que nosotros
necesitamos

y
necesitamos tanto
Si solo supiéramos
que
es.

probablemente
es
todo

y probablemente
todos nosotros moriremos
tratando de
conseguirlo

o moriremos

porque no
lo
conseguimos.

Espero que
cuando yo este muerto
comprendáis

que conseguí
tanto
como
pude.

Canción de amor

jueves, 08 de mayo del 2008 a las 18:09
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CANCIÓN DE AMOR

¿Cómo sujetar mi alma para
que no roce la tuya?
¿Cómo debo elevarla
hasta las otras cosas, sobre ti?
Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,
en un rincón extraño y mudo
donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.

Pero todo aquello que tocamos, tú y yo,
nos une, como un golpe de arco,
que una sola voz arranca de dos cuerdas.
¿En qué instrumento nos tensaron?
¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?
¡Oh, dulce canto!

Rainer María Rilke

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