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Lecturas múltiples

lunes, 10 de marzo del 2008 a las 16:08
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Siempre me ha causado curiosidad y hasta a veces espanto, debo reconocerlo, la interpretación que las personas hacen de lo que leen. Ahora que hace un tiempito participo de un club de lectura donde cada persona comenta sobre libros, autores, me causa sorpresa la "mirada del otro" sobre algunas cuestiones de la trama misma de las historias. ¿Cómo un mismo libro puede mostrarnos a cada lector lecturas tan diferentes? Y con esto no quiero decir que mi visión sea la valedera, sino más bien  aceptar esta condición intrínseca del arte mismo y  la multiplicidad de miradas que puede tener, en este caso específico, un mismo libro y las distintas sensaciones que dejan a sus lectores. Me sorprende mucho ahora que estoy en contacto con gente que escribe, que hasta el autor tenga su propia cosmovisión de su obra y que ésta, muchas veces no coincida con nuestra interpretación como lectores. Y eso es lo que más admiro del arte. Que nunca hay una verdad absoluta, ni una certeza. Cualidades universales que me desvelan. Los críticos hacen su trabajo y el público por otro lado elige comprarlos ó no, leerlos ó no, desecharlos ó recordarlos toda la vida.

Hace un tiempo leí un párrafo de un escritor polaco que supo vivir en la Argentina y me resultó tan atinado, como su fino humor. Así que lo voy a citar, para no ser injusta con su texto:

Witold Gombrowicz
Ferdydurke (fragmento)

" Decidme, ¿cómo pensáis?, ¿acaso, según vuestra opinión, el lector no asimila sólo partes y sólo en parte? Lee, digamos, una parte o un pedazo y se interrumpe para, dentro de algún tiempo, leer otro pedazo; y a menudo ocurre que empieza desde el medio o, incluso, desde el final, prosiguiendo desde atrás hasta el principio. A veces ocurre que lee dos o tres pedazos y lo deja... y no porque no le interese, sino porque algo distinto se le ha ocurrido. Pero aun en el caso de leer el todo, ¿creéis que lo abarcará con la mirada y sabrá apreciar la armonía constructiva de las partes, si un especialista no le dice algo al respecto? ¿Para eso, pues, el escritor, durante años, corta, ajusta, arregla, suda, sufre y se esfuerza: para que el especialista diga al lector que la construcción es buena? ¡Pero vayamos, más lejos aún, al campo de la experiencia cotidiana! ¿No ocurre acaso que cualquier llamada telefónica o cualquier mosca puede distraer al lector de la lectura justamente en ese supremo momento en que todas las partes y tramas se juntan en la unidad de la solución final? ¿Y si en ese momento entrase, digamos, su hermano y dijese algo? La noble labor del escritor se echa a perder a causa de una mosca, un hermano o un teléfono. ¡Oh, malas mosquitas! ¿por qué picáis a hombres que ya perdieron la cola y no tienen con qué defenderse? Mas preguntemos todavía si aquella obra vuestra, única, excepcional y tan trabajada, no constituye sólo una partícula de treinta mil otras obras, también únicas y excepcionales, que aparecen en el transcurso de un año. ¡Malditas y terribles partes! ¡Para eso, pues, construimos el todo: para que una partícula de la parte del lector asimile una partícula de la parte de la obra y sólo en parte! "

Sobre Ricardo Molinari

domingo, 09 de marzo del 2008 a las 23:02
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Ricardo Molinari fue un gran poeta argentino, que nació en 1898 y murió en 1996. Junto a Borges y Leopoldo Marechal, integró un importante grupo literario  reunido alrededor de la revistas Martín Fierro, Inicial y Cuadernos del plata.
Obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 1958 y ocupó desde 1968 una silla en la Academia Argentina de Letras.
Entre sus obras se destacan «Panegírico de Nuestra Señora de Luján»,  «Odas a orillas de un viejo río», «El pez y la manzana», «Mundos de la madrugada» y el «Libro de las soledades del poniente».
Molinari aparece en sus poesías  como un errante. En las orillas de los ríos, expuesto a los vientos, o frente a paisajes ya desolados, ya exultantes, se lo siente imposibilitado de salir de sí mismo, pero más imposibilitado aún, de entrar en sí mismo. El viento, el río, la flor, la nube, el día se lamentan o se alegran de acuerdo al estado de su alma. Su contacto con el mundo es muy leve, pero su sufrimiento por lo mínimo de ese contacto es grande, de ese modo se establece, a veces, la comunicación con el lector; por la carencia; por la imposibilidad, hermosamente comunicada, de comunicarse.

De todas las poesías de Molinari esta es mi preferida:

ESTAS COSAS

No sé, pero quizás me esté yendo de algo, de todo,
de la mañana, del olor frío de los árboles o del íntimo sabor
de mi mano.
Pero estas llamas y la lluvia bajan por la tarde del día elevadas,
con su trabajo cruel y afanoso, con el terror de la primavera
y el tiempo y la noche vanamente disueltos en su impaciencia.

Yo sé que estoy mirando, extendido, sin atender
lo que el polvo y el abandono ocultan de mi cuerpo y de mi lengua.
Una palabra, aquella sonriente y terrible de ternura,
oscurecida por la razón y el mágico envenenamiento de la nostalgia;
sedentaria huye por un campamento, llamada y perseguida permanente,
sin alguna vez, devuelta entera y desentendida
al seno ardiente de la noche, al ser mayor e indestructible de la atmósfera.
Nada queda después de la muerte definido y elevado, ni la imagen voluntariosa
sobre los pastos crecidos y ondulantes, ni el pie
atropellado que dispara de su quemada historia intacta.

Sin clamor el rostro siente el húmedo temporal, el albergue perecedero
y la flor abierta en el vacío,
sin volver los ojos, va en su rapidez disuelto
y extrañísimo.
Soy el ido, el variante del cielo,
de la calle muerta en las nubes,
su entretenimiento como un pájaro.

¡Amor, amor! una brizna del sentido,
tal vez un día donde mis labios bebieron la sangre
y todas estas nieblas azotadas e irremediables, perdidas.
Decidido, toma, ¡oh noche!, mis secos ramos y llénalos de rocío brillante
y pesado, igual al de las hojas del orgulloso y reclinado invierno.

Ricardo Molinari

Ricardo Molinari

domingo, 09 de marzo del 2008 a las 22:43

CUANDO ME HABLAN DE TI...

Cuando me hablan de ti, es como si me perfumaran la cara
con una hoja de mirto. Ya estoy tan seguro de que te quiero,
     que a veces quito
mis ojos de la luz para que atraviesen la noche por el cielo.
     el cielo.

Los jardines saben el nombre de tu río
y el de los antílopes que lo cruzan jugando entre el agua;
ninguno habrá que no lo haya sentido
fluir, humedeciéndome la boca,
en la mañana, o al caer la tarde,
sobre el aliento perezoso
de las flores.

Gioconda Belli

sábado, 08 de marzo del 2008 a las 02:29
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 DIOS ME HIZO MUJER

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos, nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

TODO SEA POR EL AMOR

Tantas cosas he hecho por vos
que tengo que cuidar
que su recuento no te suene a reclamo;
porque todo ha sido hecho en virtud del amor
y los relámpagos y ciclones que solté
de la caja de Pandora
que un día me pusiste en las manos
sí es verdad que han dolido,
que muchas veces me han arrancado piel de la raíz
y me han hecho buscarme el corazón
con miedo a no encontrar su pasito de soldado
han sido mi propia, soberana decisión,
mi perdición, mi gozo,
por los que me he conocido más mujer
capaz de escaladas, acrobacias,
tenacidad de burra rentada,
por los que he recorrido sendas ignotas,
mareada por el olor tan cercano de la felicidad
y te he buscado detrás de gestos y puertas
y hasta de la manera de abandonar tu ropa
y cuando te he encontrado
me he abierto de par en par
como jaula repleta de ruiseñores
y he sabido también cómo se siente
tener un astro deslumbrante en las entrañas.
No quiero, pues, equivocarme con reclamos;
me hago responsable del sol y de la sombra,
pero, ay amor, cómo me duele
que estando yo en tu espacio
como estrella errabunda
fieramente colgada por vos en tu Universo,
no me hayás descubierto el resplandor;
no me hayás habitado,
tomado posesión de mi luz
y sólo te hayás atrevido
a palparme
-como un ciego-
en la oscuridad.

Gioconda Belli

Poeta y novelista nicaragüense nacida en Managua en 1948

Antonin Artaud

sábado, 08 de marzo del 2008 a las 02:14
Carta a los directores  de los asilos de locos

Señores:

Las leyes, las costumbres, les conceden el derecho de medir el espíritu. Esta jurisdicción soberana y terrible, ustedes la ejercen con su entendimiento. No nos hagan reír. La credulidad de los pueblos civilizados, de los especialistas, de los gobernantes, reviste a la psiquiatría de inexplicables luces sobrenaturales. La profesión que ustedes ejercen está juzgada de antemano. No pensamos discutir aquí el valor de esa ciencia, ni la dudosa realidad de las enfermedades mentales. Pero por cada cien pretendidas patogenias, donde se desencadena la confusión de la materia y del espíritu, por cada cien clasificaciones donde las más vagas son también las únicas utilizables, ¿cuántas nobles tentativas se han hecho para acercarse al mundo cerebral en el que viven todos aquellos que ustedes han encerrado? ¿Cuántos de ustedes, por ejemplo, consideran que el sueño del demente precoz o las imágenes que lo acosan, son algo más que una ensalada de palabras?

No nos sorprende ver hasta qué punto ustedes están por debajo de una tarea para la que sólo hay muy pocos predestinados. Pero nos rebelamos contra el derecho concedido a ciertos hombres - incapacitados o no - de dar por terminadas sus investigaciones en el campo del espíritu con un veredicto de encarcelamiento perpetuo.

¡Y qué encarcelamiento! Se sabe - nunca se sabrá lo suficiente - que los asilos, lejos de ser "asilos", son cárceles horrendas donde los recluidos proveen mano de obra gratuita y cómoda, y donde la brutalidad es norma. Y ustedes toleran todo esto. El hospicio de alienados, bajo el amparo de la ciencia y de la justicia, es comparable a los cuarteles, a las cárceles, a los penales.

No nos referimos aquí a las internaciones arbitrarias, para evitarles la molestia de un fácil desmentido. Afirmamos que gran parte de sus internados - completamente locos según la definición oficial - están también recluídos arbitrariamente. Y no podemos admitir que se impida el libre desenvolvimiento de un delirio, tan legitimo y lógico como cualquier otra serie de ideas y de actos humanos. La represión de las: reacciones antisociales es tan quimérica como inaceptable en principio. Todos los actos individuales son antisociales. Los locos son las víctimas individuales por excelencia de la dictadura social. Y en nombre de esa individualidad, que es patrimonio del hombre, reclamamos la libertad de esos galeotes de la sensibilidad, ya que no está dentro de las facultades de la ley el condenar a encierro a todos aquellos que piensan y obran.

Sin insistir en el carácter verdaderamente genial de las manifestaciones de ciertos locos, en la medida de nuestra aptitud para estimarlas, afirmamos la legitimidad absoluta de su concepción de la realidad y de todos los actos que de ella se derivan.

Esperamos que mañana por la mañana, a la hora de la visita médica, recuerden esto, cuando traten de conversar sin léxico con esos hombres sobre los cuales - reconózcanlo - sólo tienen la superioridad que da la fuerza.

Antonin artaud

Poesía cubana

viernes, 29 de febrero del 2008 a las 17:00
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TE PINTO UN SOL

Estos poemas se escribieron para otra soledad
pero vuelven a ser los mismos
aunque no sea yo quien los invente
ni tú el que los traiga con naranjas y besos.

jamás podré ser otra
convertirme en el tono de una voz
en unas manos que no me pertenecen.
soy yo
y tendrás que perdonarme mis impulsos
la manera de arriesgar el amor.
estoy hecha de todos los desastres
el mundo me consterna y solicita.
hoy ha salido el sol
y ya no tengo miedo a que te pierdas
a que no pueda descubrite
a que jamás hayas existido más que a mis ojos.
quisiera abrazarte  decir por qué
un hombre es más que un cuerpo
que únicamente en tí me desparramo
que únicamente pido cortezas de árboles
-pequeñas primaveras en mis libros-
que odio los encajes y las exaltaciones
que te contemplo y gozo
si andamos por las calles cuando el viento
vuelve a enredar mi falda y sus amores.
estoy desnuda y triste
alegre de saber mis impaciencias
de cometer errores
de lanzar estas piedras
que jamás llegarán a parte alguna.

tengo a mi lado los juguetes para amar la vida
duendes y muñecas que se fueron
regresan a la casa
porque contigo vuelven mis primeros adornos
y quiero ser única en estos ruidos
en las soberbias del mundo
no pasar sin una sola catástrofe.

la vida es si te miro
eres un hombre  soy una mujer
éste es el mar   aquél el horizonte
te pinto un sol
y juego al arco iris.
todo es sencillo y firme sobre el mundo.

COMPLEJO DE INFERIORIDAD


si yo supiera
decirte
cómo es el mundo
si pudiera          por fin         aprender algo
o si comprendiera un par de cosas
y no estos disparates:
cocinarte un flan con caramelos borrachos
por ejemplo.
si al menos tuviera un tigre de verdad
exótico  tras la puerta
y te enseñara la jungla que tiene un corazón
de tigre
o me pareciera a miss universo por un rato.
si tuviera  algo interesante original
que darte
y no fuera
tan terca
tan pacífica
que no me atrevo a violarte detrás de una palabra.
si fuera sorprendente
y no rara ave del mundo
con mis gustos desordenados
si yo no fuera así
con mis catarros y mis averías
y esta manera absurda de volcarme
mi taza de café hecha a presión
y el pitusa viejísimo desteñido
si no corriera descalza por los cráteres
ante los gritos de peligro.
si pudiera lavar en una tinta la memoria
y resucitar invicta de las fiebres.
si en todos los desiertos del cerebro
guardara  sólo lo probable
y no robara las imaginaciones.
si fuera certeramente lógica y precisa
y me atreviera a calcular científicamente
la cantidad de amores que me caben.
entonces
sería un ser pefecto
irreprochable.

Reina María Rodriguez

Fernando Pessoa

viernes, 29 de febrero del 2008 a las 15:17

Dios me creó para niño, y me mantuvo niño siempre.¿Pero por qué permitió que la vida me golpease y me quitase los juguetes, y me dejase solo en el recreo, arrugando con manos tan débiles el delantal azul sucio a fuerza de tantas lágrimas derramadas?

¿Si yo no podía vivir sino mimado, por qué me privaron del cariño?. Ah cada vez que veo en las calles un niño que llora, un niño exiliado de los otros, me duele, más que la tristeza del niño, el horror desprevenido de mi corazón exhausto. Me sufro con todo el peso de la vida sentida, y son mías las manos que retuercen la punta del delantal, mías las bocas torcidas por el llanto verdadero, mía la debilidad, mía la soledad, y las risas de la vida adulta que pasa me usan como luces de fósforos frotados en el estuche sensible de mi corazón.

Primera carta conyugal

sábado, 23 de febrero del 2008 a las 23:02
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PRIMERA CARTA CONYUGAL

           Cada una de tus cartas aumenta la incomprensión y la estrechez de espíritu de las anteriores; juzgas con tu sexo y no con tu pensamiento como lo hacen todas las mujeres.
Confundirme yo, con tus razones. ¡Te burlas! Pero lo que me irritaba era verte volver sobre las razones que hacían tabla rasa sobre mis razonamientos, cuando uno de esos mismos te había llevado a la evidencia.

           Todos tus razonamientos y tus infinitas disputas no podrán impedir que no sepas nada de mi vida y que me condenes por un mínimo fragmento de ella misma. No debería siquiera serme necesario justificarme ante ti si sólo fueras, tú misma, una mujer prudente y equilibrada, pero tu imaginación te enloquece, una sensibilidad sobre aguda que no te permite enfrentar la verdad. Contigo cualquier discusión es imposible.

            Sólo me queda decirte una cosa: mi espíritu siempre fue confuso, un achatamiento del cuerpo y del alma, esa suerte de contracción de todos mis nervios. Si me hubieras visto hace algunos años, por períodos más o menos cercanos, antes aún de que en mi se sospechara el uso del que tú me recriminas, dejarías de extrañarte, ahora, del retorno de esos fenómenos.
Si por otra parte estás convencida, si te parece que su reincidencia se debe a ello, entonces no hay nada que decir, contra un sentimiento no se puede luchar.
De cualquier manera ya no puedo contar contigo en mi angustia, ya que te niegas a ocuparte de la parte de mí más afectada: mi alma.

            No me has juzgado, por otra parte, nunca de otra manera que por mi aspecto externo como hacen todas las mujeres, como hacen todos los imbéciles, cuando lo que está más destruido, más arruinado es mi alma interior; y no puedo perdonarte eso, pues las dos no siempre coinciden, desafortunadamente para mí. En cuanto a lo demás, te prohibo hablar otra vez.

Extrait de "L'ombilic des Limbes, Le pèse nerfs" 1926
Versión de L.S.

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